Y se fue. Incluso un día antes de lo que Mario había pensado. Verle salir por la puerta con los bártulos le dejó medio "chof". Sin embargo, su buen amigo Alberto, le seguía dando consejos sobre cómo podía encauzar su actitud para que su objetivo fuera un éxito. Sin dejarse llevar por decepciones ínfimas como aquella. Que tarde o temprano, con paciencia, las cosas ocurrirían.
En la tarde, su buena amiga Katrina, una despampanante morena de ojos oscuros, le pidió que la acompañara a comprarse unos complementos para la noche de Halloween.
- Quiero comprarme unas lentillas de colores y no sé dónde hacerlo -se quejaba.
- ¿Qué comes? -preguntó Mario.
- Maicitos, ¿quieres? -respondió alargándole la pequeña bolsa negra.
Caminaban despacio y sin esfuerzo cuesta abajo mientras el sol les tostaba ligeramente la piel. Aquel estaba siendo un tiempo raruno. Como un verano tardío.
- ¿Qué te ha aconsejado Alberto esta vez? -quiso saber.
- Más de lo mismo. Paciencia y más paciencia. Y que no tenga prisa.
- Tiene razón.
- Lo sé. Lo sé muy bien. Cada vez que conozco a alguien del que intuyo que pueda sacar algo bueno, me digo a mí mismo que esta vez me porte bien. Que no tengo ninguna prisa. Que el corazón de una persona se conquista a dosis muy pequeñas. Disfrutando cada una de esas dosis.
- ¿Pero...?
- Pero siempre la acabo cagando. Me entra el pánico a la soledad. Por no hablar de que se me van todos los principios a la mierda.
- ¿Qué tienen que ver tus principios para tener una relación con alguien?
Mario paró en seco en mitad de la cuesta.
- A ver. Tú sabes todos los proyectos que tengo entre manos: carnet, acceso, carrera... Eso sin contar que sobre 2º de carrera quiero buscarme un trabajito para poder costearme los gastos de fotocopias, café de la mañana, etc.
- Ajá.
- Pues yo tengo la cabeza tan cuadrada que sé que una persona a mi lado en esos momentos de máxima ocupación lo único que va a hacer es estorbarme. Bueno, no me malinterpretes, no es estorbarme, pero no podría dedicarle todo el tiempo que se merece.
- Aaaaajáááá... -Katrina miró a Mario con una ceja levantada.
- (...)
- ¿Por qué me miras así? -preguntó Mario.
- Porque me da a mí la sensación que lo que te ocurre con El Angel es que te revoluciona la hormona... pero que mantener una relación con él no te interesa.
- Ya estamos ¬¬
- Jajajaja. ¿Cambiamos de tema mejor?
- Mejor ¬¬U ¿De qué color querías las lentillas?
- Blancas.
- ¿Y desde cuándo las vampiresas tienen los ojos blancos?
viernes, 30 de octubre de 2009
sábado, 24 de octubre de 2009
He likes me?
- Que sí, no seas pesado. Está interesado en ti -decía Alberto mientras caminaba por el pasillo acompañado de su amigo Mario-. Te lo ha demostrado en la cena del jueves.
- Ya, claro -Mario, que a duras penas podía seguir el ritmo de Alberto, seguía escéptico ante la idea de que El Angel estuviese interesado en él-, se te declara a ti y le gusto yo, ¿no? Eso no hay quien lo entienda.
Alberto frenó en seco en mitad del camino. Mario se paró unos metros más adelante que él. Miró hacia atrás extrañado. Cuando vio a los ojos de su amigo supo que había algo que no le había contado.
- Cuando se me declaró y yo le dije que no, le hablé de ti.
- ¿Qué, cómo, por qué has hecho eso?
- ¡Pues porque tú sí estás interesado en él, coño! Confía en mí. Verás como el sentimiento es recíproco -Alberto reanudó la marcha cogiendo del brazo a su amigo.
Cuando llegaron a la puerta de El Angel, Alberto tocó con ímpetu. Diez segundos después El Ángel abría la puerta.
- ¡Alberto, hola! (...) Mario... -el rubor comenzó a aparecer en las mejillas de El Angel-. ¿Qué tal estás?
- B...Bien -respondió Mario timidamente.
- Venimos a hacerte compañía -dijo la voz cantarina de Alberto mientras se sentaba en la cama de El Angel.
- Si no te importa... -Mario seguía con la mirada clavada en el suelo.
- Claro que no. Sois siempre bienvenidos.
Cuando Mario se acercó a Alberto éste le susurró un "¿Lo ves? Cuando te ha visto plantado delante de la puerta se ha puesto rojo como un tomate. ¿Le gusto yo? No lo creo..."
- Ya, claro -Mario, que a duras penas podía seguir el ritmo de Alberto, seguía escéptico ante la idea de que El Angel estuviese interesado en él-, se te declara a ti y le gusto yo, ¿no? Eso no hay quien lo entienda.
Alberto frenó en seco en mitad del camino. Mario se paró unos metros más adelante que él. Miró hacia atrás extrañado. Cuando vio a los ojos de su amigo supo que había algo que no le había contado.
- Cuando se me declaró y yo le dije que no, le hablé de ti.
- ¿Qué, cómo, por qué has hecho eso?
- ¡Pues porque tú sí estás interesado en él, coño! Confía en mí. Verás como el sentimiento es recíproco -Alberto reanudó la marcha cogiendo del brazo a su amigo.
Cuando llegaron a la puerta de El Angel, Alberto tocó con ímpetu. Diez segundos después El Ángel abría la puerta.
- ¡Alberto, hola! (...) Mario... -el rubor comenzó a aparecer en las mejillas de El Angel-. ¿Qué tal estás?
- B...Bien -respondió Mario timidamente.
- Venimos a hacerte compañía -dijo la voz cantarina de Alberto mientras se sentaba en la cama de El Angel.
- Si no te importa... -Mario seguía con la mirada clavada en el suelo.
- Claro que no. Sois siempre bienvenidos.
Cuando Mario se acercó a Alberto éste le susurró un "¿Lo ves? Cuando te ha visto plantado delante de la puerta se ha puesto rojo como un tomate. ¿Le gusto yo? No lo creo..."
miércoles, 21 de octubre de 2009
Good News (The Angel 2.0)
Y de repente la persona que menos imaginabas pone ante tus narices una de las mejores noticias del día. Te ilusionas hasta límites insospechados, sonríes, haces planes. De todo. Pero de pronto la cordura llega a tu mente y bajas de tu nube para volver a poner los pies sobre la tierra.
Pero de todos modos... ¿qué pierde uno con intentarlo?
Pero de todos modos... ¿qué pierde uno con intentarlo?
martes, 20 de octubre de 2009
The Power
Poco a poco las gotas de sudor iban resbalando por las sienes de Fernando. Mario lo había notado desde el otro lado de la estancia. Trataba de poner atención en la lectura que tenía entre manos mientras se revolvía nervioso en la butaca en la que estaba sentado. Lanzaba furtivas miradas en la dirección de Mario que, ajeno a su nerviosismo, parecía estar concentrado en sus apuntes y sus libros. “¿Qué te está pasando, Fernando?” se decía, “a ti te gustan las mujeres, no los hombres”. Pero había en su interior algo que le gritaba que todo lo que conocía había cambiado. Aunque fuera de forma imperceptible. Algo había notado en sus adentros. Cerró el libro con cuidado, sacó un taco de post-its de su mochila y escribió algo en uno. Arrancó la hoja, la dobló y se levantó. Carraspeó discretamente y se dirigió hasta la puerta. Mario pareció despertar de su propio sueño de gráficas y ecuaciones. Levantó la vista y vio cómo Fernando se iba. Cuando el joven musculoso pasó al lado de su compañero de clase dejó caer el papel al suelo. Mario dirigió la vista donde estaba el post-it. Vio el papel, miró hacia todos lados y lo cogió. Cuando lo abrió no pudo evitar sonreír. En el post-it estaban escritas las siguientes palabras: ‘TE ESPERO EN EL BAÑO DE LA 3ª PLANTA’.
“La tercera planta” pensó. “A estas horas no hay nadie en la tercera planta”. Volvió a sonreír, esta vez victorioso. Su plan había funcionado. Se levantó despacio, saboreando su recién adquirido poder. Sabía que su presa no iría a ninguna parte. Que estaría expectante. Recogió todas sus cosas con parsimonia, las metió dentro de su mochila, apagó el portátil, lo metió en su maletín y se acercó al mostrador de la biblioteca.
- Berta, ¿puedo poner esto ahí? Vendré a recogerlo a eso de las… -miró su reloj rápidamente- nueve.
- Claro, sin problema.
- Gracias, hasta luego.
Con paso lento se fue hasta la puerta. Su sonrisa se había borrado de su cara, pero seguía sonriendo por dentro. “Lo has conseguido” se dijo mientras presionaba el botón del ascensor. “Ahora está en tus manos. Y pronto será tuyo”. Puso un pie en el tercer piso y siguió caminando de forma lenta hasta el baño. Sólo cinco puertas a su izquierda separaban a Mario de Fernando desde la puerta del ascensor. Se permitió respirar hondo un par de veces antes de abrir la puerta. Fernando le esperaba apoyado en los lavabos fumándose un cigarro. Cuando le vio, aspiró la última calada del cigarrillo, lo apagó en el grifo y lo tiró a la basura. Mario se puso a su lado y lo miró a través del espejo. Fernando le devolvió la mirada. Se giró noventa grados para mirarle directamente a él.
- ¿Se puede saber qué cojones quieres de mí? -preguntó presa de la desesperación.
- ¿Yo? Nada. Fuiste tú quien me convocó al baño -respondió Mario tranquilamente.
- Serás cabrón… -Fernando dio unos pasos hacia el centro del baño.
El silencio reinó en aquel aseo durante dos largos minutos en los que ninguno había apartado la mirada del otro. Fernando se posicionó delante de Mario y le puso la mano en la nuca.
- ¡Qué coño! -dijo y acercó sus labios a los de su compañero. Pero éste se apartó.
- ¿Qué haces?
- ¿No era esto lo que querías? -preguntó Fernando intrigado.
Mario no respondió. Se dirigió hacia la puerta de una de las letrinas, encendió un cigarrillo y miró a Fernando. Éste ya no tenía ni idea de lo que estaba pasando.
- Quiero verte desnudo -respondió dando una calada a su cigarrillo.
- ¿Qué? ¿¡Estás loco!? -el joven musculoso tenía la sensación de estar en un mundo paralelo en lo que nada era lo que había previsto.
¿Continuará?
“La tercera planta” pensó. “A estas horas no hay nadie en la tercera planta”. Volvió a sonreír, esta vez victorioso. Su plan había funcionado. Se levantó despacio, saboreando su recién adquirido poder. Sabía que su presa no iría a ninguna parte. Que estaría expectante. Recogió todas sus cosas con parsimonia, las metió dentro de su mochila, apagó el portátil, lo metió en su maletín y se acercó al mostrador de la biblioteca.
- Berta, ¿puedo poner esto ahí? Vendré a recogerlo a eso de las… -miró su reloj rápidamente- nueve.
- Claro, sin problema.
- Gracias, hasta luego.
Con paso lento se fue hasta la puerta. Su sonrisa se había borrado de su cara, pero seguía sonriendo por dentro. “Lo has conseguido” se dijo mientras presionaba el botón del ascensor. “Ahora está en tus manos. Y pronto será tuyo”. Puso un pie en el tercer piso y siguió caminando de forma lenta hasta el baño. Sólo cinco puertas a su izquierda separaban a Mario de Fernando desde la puerta del ascensor. Se permitió respirar hondo un par de veces antes de abrir la puerta. Fernando le esperaba apoyado en los lavabos fumándose un cigarro. Cuando le vio, aspiró la última calada del cigarrillo, lo apagó en el grifo y lo tiró a la basura. Mario se puso a su lado y lo miró a través del espejo. Fernando le devolvió la mirada. Se giró noventa grados para mirarle directamente a él.
- ¿Se puede saber qué cojones quieres de mí? -preguntó presa de la desesperación.
- ¿Yo? Nada. Fuiste tú quien me convocó al baño -respondió Mario tranquilamente.
- Serás cabrón… -Fernando dio unos pasos hacia el centro del baño.
El silencio reinó en aquel aseo durante dos largos minutos en los que ninguno había apartado la mirada del otro. Fernando se posicionó delante de Mario y le puso la mano en la nuca.
- ¡Qué coño! -dijo y acercó sus labios a los de su compañero. Pero éste se apartó.
- ¿Qué haces?
- ¿No era esto lo que querías? -preguntó Fernando intrigado.
Mario no respondió. Se dirigió hacia la puerta de una de las letrinas, encendió un cigarrillo y miró a Fernando. Éste ya no tenía ni idea de lo que estaba pasando.
- Quiero verte desnudo -respondió dando una calada a su cigarrillo.
- ¿Qué? ¿¡Estás loco!? -el joven musculoso tenía la sensación de estar en un mundo paralelo en lo que nada era lo que había previsto.
¿Continuará?
lunes, 19 de octubre de 2009
Birds on the head
Hablas. Sonríes
Te ríes. Y vuelves a hablar.
Pero yo sé qué algo ha cambiado. Ya no estás conmigo. Ya no estoy contigo. Me echas de menos. Pero es el precio que tienes que pagar. To have birds on the head. Pero yo no te echo de menos. Ya no.
Sé que algún día, no muy lejano, estarás sola. Ya no habrá gente a tu alrededor que esté a tu disposición para lo que tú ordenes y mandes. Los demás se alejarán de tu lado. En cuanto sepan cómo eres. Y cuando eso pase, dime.
¿Qué harás?
Te ríes. Y vuelves a hablar.
Pero yo sé qué algo ha cambiado. Ya no estás conmigo. Ya no estoy contigo. Me echas de menos. Pero es el precio que tienes que pagar. To have birds on the head. Pero yo no te echo de menos. Ya no.
Sé que algún día, no muy lejano, estarás sola. Ya no habrá gente a tu alrededor que esté a tu disposición para lo que tú ordenes y mandes. Los demás se alejarán de tu lado. En cuanto sepan cómo eres. Y cuando eso pase, dime.
¿Qué harás?
jueves, 8 de octubre de 2009
The Angel
Es algo que no puedo evitar. Superior a mis fuerzas. Puedo estar hablando del tema más interesante que cuando pasa, sea lejos o cerca, me quedo en blanco y me lo quedo mirando como en esos anuncios de automóviles en los que el protagonista se queda boquiabierto. Eso es lo que me pasa con El Angel.
No le conozco, no sé nada de su vida, ni siquiera sé su edad. Ni qué gustos tiene. Sólo sé cómo se llama. Y con él tengo la sensación de que eso es suficiente. Como una figura de cristal que nunca te cansas de mirar pero que no quieres tocar por miedo a que se te rompa en las manos.
Sólo puede ser "mío" de lunes a viernes. Los fines de semana desaparece. Seguramente sea de otro, pues alguien tan hermoso es imposible que no tenga un grán séquito.
Lo que más me sorprende -sobre todo de mí mismo- es la discreción con la que estoy llevando esta atracción "fatal", ya que, salvo dos o tres amigos mal contados, nadie más sabe de esto.
Pero es lo que tienen las incertidumbres.
No le conozco, no sé nada de su vida, ni siquiera sé su edad. Ni qué gustos tiene. Sólo sé cómo se llama. Y con él tengo la sensación de que eso es suficiente. Como una figura de cristal que nunca te cansas de mirar pero que no quieres tocar por miedo a que se te rompa en las manos.
Sólo puede ser "mío" de lunes a viernes. Los fines de semana desaparece. Seguramente sea de otro, pues alguien tan hermoso es imposible que no tenga un grán séquito.
Lo que más me sorprende -sobre todo de mí mismo- es la discreción con la que estoy llevando esta atracción "fatal", ya que, salvo dos o tres amigos mal contados, nadie más sabe de esto.
Pero es lo que tienen las incertidumbres.
martes, 6 de octubre de 2009
The phone
En la tarde de ayer, o más bien durante todo el día, las nubes negras se alternaban con las blancas, dando una agobiante sensación de que en cualquier momento se iba a poner a llover. Y si queréis que os sea sincero hubiera querido, deseado, anhelado, que realmente se pusiera a llover, porque así me evitaba de ir a la autoescuela. Sé que no puedo saltarme mis obligaciones automovilísticas pero qué puedo deciros, los lunes son horrorosos. Sin embargo no llovió. Y a las cinco de la tarde estaba tomando camino hacia mi destino.
Dos horas y ocho tests más tarde, subía por la Avenida Italia de nuevo al centro. Y no muy bien había atravesado el portal cuando noté el vibrador de mi teléfono móvil en el bolsillo del pantalón.
- ¿Sí?
- Hola peque, ¿qué tal estás? -respondió la voz masculina al otro lado.
- Bueno, acabo de llegar de la autoescuela.
- ¿Has retomado el carnet? ¡Qué genial! Espero que todo te salga bien, te lo mereces.
- Ya.
(...)
- Bueno, te dejo que has de estar ocupado -dijo con voz triste. En aquel momento el alma se me cayó a los pies por dos décimas de segundo.
- De acuerdo -mi voz sonaba mecánica, como sin sentimientos.
Cuando presioné el botón rojo, asimilé la llamada de apenas 1 minuto. Quién era, cuándo y sobre todo por qué.
Guardé el móvil de nuevo en el bolsillo y entré en las instalaciones del centro.
¿Continuará?
Dos horas y ocho tests más tarde, subía por la Avenida Italia de nuevo al centro. Y no muy bien había atravesado el portal cuando noté el vibrador de mi teléfono móvil en el bolsillo del pantalón.
- ¿Sí?
- Hola peque, ¿qué tal estás? -respondió la voz masculina al otro lado.
- Bueno, acabo de llegar de la autoescuela.
- ¿Has retomado el carnet? ¡Qué genial! Espero que todo te salga bien, te lo mereces.
- Ya.
(...)
- Bueno, te dejo que has de estar ocupado -dijo con voz triste. En aquel momento el alma se me cayó a los pies por dos décimas de segundo.
- De acuerdo -mi voz sonaba mecánica, como sin sentimientos.
Cuando presioné el botón rojo, asimilé la llamada de apenas 1 minuto. Quién era, cuándo y sobre todo por qué.
Guardé el móvil de nuevo en el bolsillo y entré en las instalaciones del centro.
¿Continuará?
viernes, 2 de octubre de 2009
I was dreaming?
De un tiempo a esta parte quedarme dormido encima del escritorio de mi habitación se está convirtiendo en una costumbre muy fea. Si no lo corrijo a tiempo terminaré con una chepa digna de Quasimodo. Pero qué queréis que os diga, la digestión es así. (Durante el proceso de digestión, el estómago necesita la sangre suficiente para llevar a cabo su labor, haciendo que el cerebro tenga escasez del rojo líquido, provocando en la persona un estado de modorra, de adormecimiento incapaz de controlar).
La cuestión es que hace dos días me encontraba en tal tesitura cuando sonó el teléfono.
¡Riiing, riiing!
- ¿Sí?
- Ho(…)a, (…)oso.
- ¿Perdón? –O_o’ ¿Oso?
- ¿No sabes quién soy?
- Er… pues no.
Pues resulta que era Raul, un chico que conocí hace unos meses en el Yahoo! Chat y con el que las horas de chateo se convierten en minutos. Llevábamos un par de semanas sin coincidir por el programa de mensajería instantánea de Yahoo!, así que nos mandábamos mensajes sin conexión para que pudiéramos leerlos en cuanto pudiéramos. Como una forma de mantenernos en contacto.
Y de pronto, dos simples palabras hacen que un día normal se convierta en un día espectacular.
YTBTQ
La cuestión es que hace dos días me encontraba en tal tesitura cuando sonó el teléfono.
¡Riiing, riiing!
600…..
Llamando
Llamando
- ¿Sí?
- Ho(…)a, (…)oso.
- ¿Perdón? –O_o’ ¿Oso?
- ¿No sabes quién soy?
- Er… pues no.
Pues resulta que era Raul, un chico que conocí hace unos meses en el Yahoo! Chat y con el que las horas de chateo se convierten en minutos. Llevábamos un par de semanas sin coincidir por el programa de mensajería instantánea de Yahoo!, así que nos mandábamos mensajes sin conexión para que pudiéramos leerlos en cuanto pudiéramos. Como una forma de mantenernos en contacto.
Y de pronto, dos simples palabras hacen que un día normal se convierta en un día espectacular.
YTBTQ
miércoles, 30 de septiembre de 2009
The Autum begins
Y de pronto llegó el otoño. Empieza a oscurecer más pronto y cuando te levantas sigue siendo de noche. Bajas al hall para esperar que abran el comedor mientras ves llegando a los trabajadores ataviados con paraguas y chuvasqueros. Y te invade la melancolía. te cuesta más salir de la cama. Tus movimientos son más lentos, más torpes. Empieza a hacer más frío, la lluvia aparece. Los estornudos te cuentan que es probable que pilles un catarro. Y te sigue invadiendo la melancolía. Desearías estar sentado en la ventana con un chocolate a la taza bien caliente entre tus manos, mientras ves como resbalan las gotas de lluvia por la ventana.
Y te invade la melancolía...
Y te invade la melancolía...
martes, 29 de septiembre de 2009
Cuestión de confianza
Has de saber que la confianza tarda mucho en construirse y solo un segundo en derrumbarse
lunes, 28 de septiembre de 2009
I don't hate Mondays
- Pues los peores días no son los lunes -dijo Chriss al tiempo que volvía a dar un sorbo a su cacao caliente.
- No -respondí-. Los peores días son los domingos.
Mi amigo Chriss asintió con la cabeza.
- ¿Por qué? -preguntó el otro C. despertando de golpe.
- Porque al día siguiente es lunes -sentencié.
- No -respondí-. Los peores días son los domingos.
Mi amigo Chriss asintió con la cabeza.
- ¿Por qué? -preguntó el otro C. despertando de golpe.
- Porque al día siguiente es lunes -sentencié.
¿Y tú? ¿Odias los domingos?
domingo, 27 de septiembre de 2009
You are not my type
0.48 pm aprox.
Tres amigos -dos chicas y un chico- se encontraban en uno de los pubs más famosos de Salamanca: Camelot.
- ¿Y ese? -preguntó una de las chicas.
- ¡Dios, no! Tiene pinta de chulo-putas -respondió el joven poniendo cara de asco.
- ¿Y el de la barra? -volvió a preguntar.
- No me gustan los rubios -replicó cuando ubicó al objetivo.
- Mau, eres más raro... -sentenció la otra amiga-. ¡A todos les encuentras algo!
- Y eso que hace un momento decía aquello de "tanto tío bueno en Salamanca y yo pasando hambre"...
- Sois un par de rencorosas, ¿lo sabéis, verdad? -señaló a sus amigas con el dedo, frunciendo el ceño y entrecerrando los ojos.
- Rencorosas no. Hace un momento te estabas quejando de que no tenías a nadie. Ahora mismo habrá cerca de 50 hombres para ti solo.
- Bueno, tampoco te pases-soltó una de las chicas a la otra-, que yo también "quiero comer"...
- Lo que sea. A lo que te voy: ¿es que no hay ninguno que te interese?
El joven se removió en su silla de ruedas, intentando escabullirse de la pregunta.
- Si me acerco a cualquiera de los tíos que hay aqui pueden pasar dos cosas: que sean heteros y me lleve una buena ostia por insinuarme, o que sean gays y no sea de su tipo.
- También puede pasar que aparezca uno que sí seas de su tipo...
- Lo veo improbable.
- Oye, Mau... ¿y no será más bien que ninguno de los que están aquí son de tu tipo?
Touché
(...)
Tres amigos -dos chicas y un chico- se encontraban en uno de los pubs más famosos de Salamanca: Camelot.
- ¿Y ese? -preguntó una de las chicas.
- ¡Dios, no! Tiene pinta de chulo-putas -respondió el joven poniendo cara de asco.
- ¿Y el de la barra? -volvió a preguntar.
- No me gustan los rubios -replicó cuando ubicó al objetivo.
- Mau, eres más raro... -sentenció la otra amiga-. ¡A todos les encuentras algo!
- Y eso que hace un momento decía aquello de "tanto tío bueno en Salamanca y yo pasando hambre"...
- Sois un par de rencorosas, ¿lo sabéis, verdad? -señaló a sus amigas con el dedo, frunciendo el ceño y entrecerrando los ojos.
- Rencorosas no. Hace un momento te estabas quejando de que no tenías a nadie. Ahora mismo habrá cerca de 50 hombres para ti solo.
- Bueno, tampoco te pases-soltó una de las chicas a la otra-, que yo también "quiero comer"...
- Lo que sea. A lo que te voy: ¿es que no hay ninguno que te interese?
El joven se removió en su silla de ruedas, intentando escabullirse de la pregunta.
- Si me acerco a cualquiera de los tíos que hay aqui pueden pasar dos cosas: que sean heteros y me lleve una buena ostia por insinuarme, o que sean gays y no sea de su tipo.
- También puede pasar que aparezca uno que sí seas de su tipo...
- Lo veo improbable.
- Oye, Mau... ¿y no será más bien que ninguno de los que están aquí son de tu tipo?
Touché
(...)
viernes, 25 de septiembre de 2009
Mr. Seriousness
Conocerle me agrió el carácter. Tenía 23 años y no sabía absolutamente nada de lo que me rodeaba. Antes de Él, era capaz de alegrarme por que alguien tuviese una relación por mucho que el chico en cuestión me gustase físicamente, o pensase que podría tener una posibilidad. Después de Él, Mr. Seriousness apareció y con él la envidia. La envidia malsana. Seis años más tarde, esa envidia malsana me persigue y Mr. Seriousness todavía vive en mí. ¿Será que no soy capaz de madurar? ¿O será que me cuesta tanto hacerlo?
Poco a poco me voy dando cuenta de que hay cosas que son imposibles. Pero es inevitable, cuando conoces a alguien aunque sea fiándonos en la primera impresión el pensar en que tal vez y, sólo tal vez, puedas tener una posibilidad con esa persona. Que sea el próximo por quien suspirar y sentir cosquillas en el estómago. O que sea el definitivo. No obstante, cuando te dice que le gusta alguien, o que directamente sale con alguien, de pronto tu pecho es aprisionado contra la Tierra por dos manos invisibles que aprietan tanto, tanto, que sientes que no puedes respirar. Mil preguntas se agolpan en tu mente con un único principio: ¿por qué? ¿Por qué ese chico tan guapo ya está cogido? ¿Por qué no puedo tener a alguien como él en mi vida? O la que más me ha estado atormentando durante todos estos años: ¿por qué no tengo a alguien en mi vida, sea cual sea el aspecto que tenga?
Debo reconocer que, si lo pienso fríamente, no necesito a nadie en mi vida para sentirme completo. Empiezo a centrarme en lo que realmente quiero, como es tener permiso de conducir, coche y empezar una carrera que me apasiona: Historia del Arte. Familia que me quiere, amigos que me adoran, una personalidad que, flores aparte, resulta atractiva a los demás. ¿Realmente me hace falta tener un novio? ¿Realmente soy la mitad de alguien o soy un todo de mí mismo? ¿No será que le tengo miedo a la soledad?
Porque también debo confesar que le tengo cierto pánico al compromiso. Eso de estar con una persona sin posibilidad de poder estar con otras creo que no es lo que quiero en estos momentos. Aunque también tengo miedo de convertirme en un picaflor. En buscar un poco de cariño, de ese cariño sexual que a veces nos hace falta. Esos besos, esas caricias, esos abrazos, esos momentos de pasión que un momento de debilidad nos llenan tanto. Pero no soy capaz de comprometerme. Aunque suene mal decirlo, estar más de dos días con una persona me puede llegar a aburrir. Quizá sea porque la única vez que me he enamorado no fui correspondido. Mr. Seriousness apareció en ese momento, cuestionándose, cuestionándome. Preguntándome a mí mismo si soy lo suficientemente bueno para alguien. Preguntándome qué puedo aportar de bueno en una relación. Preguntándome incluso, si mi destino es ser como Brian Kinney. Sin remordimientos, sin disculpas. No creer en el amor, creer en el sexo.
Existe una pregunta que me ronda y que me resulta muy difícil responder: ¿Soy lo bastante maduro y serio como para aportar algo a alguien sin temor? ¿O todavía vivo en esa fase de infancia/adolescencia que nunca tuve, a pesar de que estoy a punto de cumplir los 30?
Vivir en el CRMF me está construyendo una madurez que creía nunca alcanzar. El único problema es que estoy aprendiendo a madurar por las malas. Pero en fin, supongo que la vida no es siempre un camino de rosas.
En cuanto a Él… seis años más tarde sigue siendo uno de mis mejores amigos. Y aunque viva eternamente enamorado de Él, viviré también eternamente con el pesar de no ser correspondido. Pero ¿qué más da? Prefiero tenerle como amigo a no tenerle como nada.
Descargando programa “Madurez”. Loading… 50%
Poco a poco me voy dando cuenta de que hay cosas que son imposibles. Pero es inevitable, cuando conoces a alguien aunque sea fiándonos en la primera impresión el pensar en que tal vez y, sólo tal vez, puedas tener una posibilidad con esa persona. Que sea el próximo por quien suspirar y sentir cosquillas en el estómago. O que sea el definitivo. No obstante, cuando te dice que le gusta alguien, o que directamente sale con alguien, de pronto tu pecho es aprisionado contra la Tierra por dos manos invisibles que aprietan tanto, tanto, que sientes que no puedes respirar. Mil preguntas se agolpan en tu mente con un único principio: ¿por qué? ¿Por qué ese chico tan guapo ya está cogido? ¿Por qué no puedo tener a alguien como él en mi vida? O la que más me ha estado atormentando durante todos estos años: ¿por qué no tengo a alguien en mi vida, sea cual sea el aspecto que tenga?
Debo reconocer que, si lo pienso fríamente, no necesito a nadie en mi vida para sentirme completo. Empiezo a centrarme en lo que realmente quiero, como es tener permiso de conducir, coche y empezar una carrera que me apasiona: Historia del Arte. Familia que me quiere, amigos que me adoran, una personalidad que, flores aparte, resulta atractiva a los demás. ¿Realmente me hace falta tener un novio? ¿Realmente soy la mitad de alguien o soy un todo de mí mismo? ¿No será que le tengo miedo a la soledad?
Porque también debo confesar que le tengo cierto pánico al compromiso. Eso de estar con una persona sin posibilidad de poder estar con otras creo que no es lo que quiero en estos momentos. Aunque también tengo miedo de convertirme en un picaflor. En buscar un poco de cariño, de ese cariño sexual que a veces nos hace falta. Esos besos, esas caricias, esos abrazos, esos momentos de pasión que un momento de debilidad nos llenan tanto. Pero no soy capaz de comprometerme. Aunque suene mal decirlo, estar más de dos días con una persona me puede llegar a aburrir. Quizá sea porque la única vez que me he enamorado no fui correspondido. Mr. Seriousness apareció en ese momento, cuestionándose, cuestionándome. Preguntándome a mí mismo si soy lo suficientemente bueno para alguien. Preguntándome qué puedo aportar de bueno en una relación. Preguntándome incluso, si mi destino es ser como Brian Kinney. Sin remordimientos, sin disculpas. No creer en el amor, creer en el sexo.
Existe una pregunta que me ronda y que me resulta muy difícil responder: ¿Soy lo bastante maduro y serio como para aportar algo a alguien sin temor? ¿O todavía vivo en esa fase de infancia/adolescencia que nunca tuve, a pesar de que estoy a punto de cumplir los 30?
Vivir en el CRMF me está construyendo una madurez que creía nunca alcanzar. El único problema es que estoy aprendiendo a madurar por las malas. Pero en fin, supongo que la vida no es siempre un camino de rosas.
En cuanto a Él… seis años más tarde sigue siendo uno de mis mejores amigos. Y aunque viva eternamente enamorado de Él, viviré también eternamente con el pesar de no ser correspondido. Pero ¿qué más da? Prefiero tenerle como amigo a no tenerle como nada.
Descargando programa “Madurez”. Loading… 50%
martes, 22 de septiembre de 2009
Como ser discapacitado y gay y no matarte en el intento
Esta entrada fue escrita en un blog anterior y que por circunstancias, sucesos, o como yo lo llamo ahora, ciclos, abandoné en su momento.
No, no es difícil encontrar el amor para una persona con discapacidad. Al menos no tan difícil como le pueda resultar al resto de los mortales. Sólo que, en ciertas ocasiones, el face to face suele llevar a situaciones bastante… chocantes.
Fase 1. El por qué.
Es la pregunta del millón. “¿Por qué estás en silla de ruedas? Y perdona si te ofendo, pero es la primera vez que me encuentro con alguien así y no sé cómo reaccionar”. ¡Pero hombre, mírame! Que esté sentado permanentemente no quiere decir que no sea como tú. ¡Que soy de carne y hueso! ¿O a ver si te vas a creer que tengo la polla de cristal y se me va a romper en cuanto te la meta por el culo o me la chupes? Vale, comprendo que al principio puede chocar, pero al menos en mi caso, mi amiga de aluminio viene conmigo de carabina, no forma parte de mí. Así que te recompones y contestas:
- Pues es que he tenido una enfermedad medular de nacimiento y llevo prácticamente en silla de ruedas toda mi vida.
Segunda pregunta del millón: “¿Y no tiene recuperación?”
- Pues... la hubiera tenido en su día, pero años más tarde operarme hubiera sido perder las piernas, así que dije que no.
Bueno, primera toma de contacto hecha. Lo peor ha pasado. Al menos el chaval en cuestión siente interés por tu estado. Lo que venga después sólo el tiempo lo dirá.
Fase 2. Amor y... sexo.
- ¿Y cómo haces para...?
Ah... me encantan las preguntas a medias.
- ¿Para? -respondiendo con toda la "inocencia" del mundo.
- Ya sabes, para...
¿A que le recuerdo otra vez lo de la polla de cristal? Al final tú mismo lo acabas soltando, porque ves que el chaval no se arranca.
- Para follar.
En ese momento en la cara del "ligue" -de momento lo llamaremos así y lo pondremos entre comillas- aparece el asombro. “¡Oh, qué directo es este chico!”, pensará. Pero qué le queréis, yo soy directo, sobre todo para estas cosas.
- Exacto.
- No he tenido ningún tipo de problema. Hombre, tengo mis limitaciones pero... hasta la fecha mi vida sexual es muy satisfactoria.
- ¿Y se te levanta?
Parece que la cosa avanza, y cuando te quieres dar cuenta, tienes el teléfono de tu ligue.
Fase 3. El acercamiento
Obviemos la parte en la que las citas se hacen frecuentes y el encariñamiento es bastante notable, vayamos a la parte interesante. Ya sea en una habitación con cama o en un coche, las dudas surgen (para él). “¿Le iré a hacer daño? ¿Sentirá lo que le hago? ¿Dónde debo tocarle para excitarle?” Y tú lo único que haces es disfrutar del momento (?), en fin, sigo diciendo que es comprensible, las personas con discapacidad somos como la informática, un mundo aparte.
Bueno, los detalles del cómo los dejaré para la intimidad, pero a grandes rasgos para una persona con discapacidad, el amor no es tan diferente como para el resto, sólo que a veces tiene estas situaciones tan divertidas. Divertidas para la persona que tiene la discapacidad, claro, porque al final se demuestra que los que peor lo pasan son los demás por no saber cómo actuar.
Hablemos ahora de la parte menos agradable.
Fase 4. De rechazos y otras miserias
¿Os han rechazado por ser morenos o rubios? ¿Por ser altos o bajos? ¿Por ser gordos o flacos? ¿Por tener un tic nervioso? ¿Por tener una verruga en mitad de la frente? A las personas con discapacidad también. Pero la cruel realidad añade un aliciente más a este rechazo por ser gordos o flacos, rubios o morenos: la propia discapacidad. Lo importante está en la filosofía con la que te lo tomes.
Es triste, es cruel, pero es tan real que pasa. Hay gente que piensa que discapacitado es sinónimo de tullido o de inadaptado social. De lo que no se dan cuenta es que andar o no nada tiene que ver, más bien el inadaptado social es el que demuestra tener tantas luces como el que te rechaza por tener discapacidad. Pero ese no es el caso, veamos la situación de rechazo. Ya que te vean en una silla de ruedas crea expectación. Te hacen la pelota todo lo que pueden, te dicen lo guapísimo que eres, lo fuerte que estás -aunque seas un palo de escoba- y los cojones que le echas por salir a la calle. Pero, ¿qué ocurre? que de amigos no pasan, ¿por qué? Porque tienen miedo de que por la calle les digan: “¡uy, mírale, como se le ocurre ser novio de un minusválido!” Si es que la sociedad es más mala que un dolor. Imaginaos que un chico gay y con una discapacidad "se le ocurre" entrar en un bar de ambiente. No solo te fichan de arriba a abajo sino que encima se dirán para sus adentros: “si es que últimamente dejan entrar a cualquiera.” (como anécdota tengo que decir que esto pasó realmente en un bar en Salamanca, con mis amigas y yo). ¿Qué haces? Con toda la mala leche que se te crea por dentro en el momento, te das la vuelta, le miras de arriba abajo y sueltas: “Sí, eso está claro, bonita, porque para que te dejen entrar a ti, dejan entrar a cualquiera. ¿Dejarán entrar a mi rottweiller corriendo el riesgo de que te rasgue los pantalones de Zara tan monos que llevas hoy y que tan horrorosamente te quedan?”
Una vez entras y con la mayor intención de bailar y pasártelo bien, el gracioso de turno se te acerca y te dice:
- ¿Da miedo verdad?
- ¿El qué?
- Notar cómo todo el mundo te está mirando.
Ya estamos…
- Sí, da miedo salir a la calle con caspa en los hombros (no te jode éste ahora).
Cuando llevas ya un buen rato bailando, bebiendo, relacionándote, otro se te acerca y te suelta:
- ¿Tú que haces aquí?
Meneármela, ¿no me la ves? Ah, es que debe ser invisible...
- He venido a pasármelo bien, a beber, a fumar, a bailar...
- ¿¿A bailar??
- Claro, cuando hay música uno baila...
- ¿Y no te da vergüenza?
Pero vamos a ver, ¿esto que es, una conspiración? ¿Porque todos los gilis vienen a mí?
- A mí ninguna, ¿y a ti?
- A mí me daría muchísima, creo que no saldría de casa sólo para que no me miraran.
- ¿Entonces qué haces aquí y no estás en tu casa?, porque al que creas vergüenza, pero de la ajena, eres tú a mí.
Está claro que daño hace el que puede y no el que quiere, y como dije antes, todo está en la forma y filosofía con que te lo tomes. En mi caso personal, mi carácter irónico me puede, y mis cuatro frescas las suelto -obviamente, siempre que esté con el humor apropiado para hacerlo-.
No, no es difícil encontrar el amor para una persona con discapacidad. Al menos no tan difícil como le pueda resultar al resto de los mortales. Sólo que, en ciertas ocasiones, el face to face suele llevar a situaciones bastante… chocantes.
Fase 1. El por qué.
Es la pregunta del millón. “¿Por qué estás en silla de ruedas? Y perdona si te ofendo, pero es la primera vez que me encuentro con alguien así y no sé cómo reaccionar”. ¡Pero hombre, mírame! Que esté sentado permanentemente no quiere decir que no sea como tú. ¡Que soy de carne y hueso! ¿O a ver si te vas a creer que tengo la polla de cristal y se me va a romper en cuanto te la meta por el culo o me la chupes? Vale, comprendo que al principio puede chocar, pero al menos en mi caso, mi amiga de aluminio viene conmigo de carabina, no forma parte de mí. Así que te recompones y contestas:
- Pues es que he tenido una enfermedad medular de nacimiento y llevo prácticamente en silla de ruedas toda mi vida.
Segunda pregunta del millón: “¿Y no tiene recuperación?”
- Pues... la hubiera tenido en su día, pero años más tarde operarme hubiera sido perder las piernas, así que dije que no.
Bueno, primera toma de contacto hecha. Lo peor ha pasado. Al menos el chaval en cuestión siente interés por tu estado. Lo que venga después sólo el tiempo lo dirá.
Fase 2. Amor y... sexo.
- ¿Y cómo haces para...?
Ah... me encantan las preguntas a medias.
- ¿Para? -respondiendo con toda la "inocencia" del mundo.
- Ya sabes, para...
¿A que le recuerdo otra vez lo de la polla de cristal? Al final tú mismo lo acabas soltando, porque ves que el chaval no se arranca.
- Para follar.
En ese momento en la cara del "ligue" -de momento lo llamaremos así y lo pondremos entre comillas- aparece el asombro. “¡Oh, qué directo es este chico!”, pensará. Pero qué le queréis, yo soy directo, sobre todo para estas cosas.
- Exacto.
- No he tenido ningún tipo de problema. Hombre, tengo mis limitaciones pero... hasta la fecha mi vida sexual es muy satisfactoria.
- ¿Y se te levanta?
Parece que la cosa avanza, y cuando te quieres dar cuenta, tienes el teléfono de tu ligue.
Fase 3. El acercamiento
Obviemos la parte en la que las citas se hacen frecuentes y el encariñamiento es bastante notable, vayamos a la parte interesante. Ya sea en una habitación con cama o en un coche, las dudas surgen (para él). “¿Le iré a hacer daño? ¿Sentirá lo que le hago? ¿Dónde debo tocarle para excitarle?” Y tú lo único que haces es disfrutar del momento (?), en fin, sigo diciendo que es comprensible, las personas con discapacidad somos como la informática, un mundo aparte.
Bueno, los detalles del cómo los dejaré para la intimidad, pero a grandes rasgos para una persona con discapacidad, el amor no es tan diferente como para el resto, sólo que a veces tiene estas situaciones tan divertidas. Divertidas para la persona que tiene la discapacidad, claro, porque al final se demuestra que los que peor lo pasan son los demás por no saber cómo actuar.
Hablemos ahora de la parte menos agradable.
Fase 4. De rechazos y otras miserias
¿Os han rechazado por ser morenos o rubios? ¿Por ser altos o bajos? ¿Por ser gordos o flacos? ¿Por tener un tic nervioso? ¿Por tener una verruga en mitad de la frente? A las personas con discapacidad también. Pero la cruel realidad añade un aliciente más a este rechazo por ser gordos o flacos, rubios o morenos: la propia discapacidad. Lo importante está en la filosofía con la que te lo tomes.
Es triste, es cruel, pero es tan real que pasa. Hay gente que piensa que discapacitado es sinónimo de tullido o de inadaptado social. De lo que no se dan cuenta es que andar o no nada tiene que ver, más bien el inadaptado social es el que demuestra tener tantas luces como el que te rechaza por tener discapacidad. Pero ese no es el caso, veamos la situación de rechazo. Ya que te vean en una silla de ruedas crea expectación. Te hacen la pelota todo lo que pueden, te dicen lo guapísimo que eres, lo fuerte que estás -aunque seas un palo de escoba- y los cojones que le echas por salir a la calle. Pero, ¿qué ocurre? que de amigos no pasan, ¿por qué? Porque tienen miedo de que por la calle les digan: “¡uy, mírale, como se le ocurre ser novio de un minusválido!” Si es que la sociedad es más mala que un dolor. Imaginaos que un chico gay y con una discapacidad "se le ocurre" entrar en un bar de ambiente. No solo te fichan de arriba a abajo sino que encima se dirán para sus adentros: “si es que últimamente dejan entrar a cualquiera.” (como anécdota tengo que decir que esto pasó realmente en un bar en Salamanca, con mis amigas y yo). ¿Qué haces? Con toda la mala leche que se te crea por dentro en el momento, te das la vuelta, le miras de arriba abajo y sueltas: “Sí, eso está claro, bonita, porque para que te dejen entrar a ti, dejan entrar a cualquiera. ¿Dejarán entrar a mi rottweiller corriendo el riesgo de que te rasgue los pantalones de Zara tan monos que llevas hoy y que tan horrorosamente te quedan?”
Una vez entras y con la mayor intención de bailar y pasártelo bien, el gracioso de turno se te acerca y te dice:
- ¿Da miedo verdad?
- ¿El qué?
- Notar cómo todo el mundo te está mirando.
Ya estamos…
- Sí, da miedo salir a la calle con caspa en los hombros (no te jode éste ahora).
Cuando llevas ya un buen rato bailando, bebiendo, relacionándote, otro se te acerca y te suelta:
- ¿Tú que haces aquí?
Meneármela, ¿no me la ves? Ah, es que debe ser invisible...
- He venido a pasármelo bien, a beber, a fumar, a bailar...
- ¿¿A bailar??
- Claro, cuando hay música uno baila...
- ¿Y no te da vergüenza?
Pero vamos a ver, ¿esto que es, una conspiración? ¿Porque todos los gilis vienen a mí?
- A mí ninguna, ¿y a ti?
- A mí me daría muchísima, creo que no saldría de casa sólo para que no me miraran.
- ¿Entonces qué haces aquí y no estás en tu casa?, porque al que creas vergüenza, pero de la ajena, eres tú a mí.
Está claro que daño hace el que puede y no el que quiere, y como dije antes, todo está en la forma y filosofía con que te lo tomes. En mi caso personal, mi carácter irónico me puede, y mis cuatro frescas las suelto -obviamente, siempre que esté con el humor apropiado para hacerlo-.
lunes, 21 de septiembre de 2009
29
Unos dicen que cumplir años es muy jodido. Otros dicen que es señal de se está vivo. Por desgracia el pobre Patrick Swayze no llegará a su 58º cumpleaños.
El martes 15 cumplí 29 y lo celebré el sábado. Tengo unos amigos que no me los merezco, la verdad. Siempre han estado ahí para lo bueno y para lo malo. Y yo no podía hacer otra cosa que invitarles a cenar me costara lo que me costara.
Regalos:
- La quinta temporada de Queer as Folk, con la famosa escena de Brian diciéndole a Justin por fin "Te quiero". Parece mentira que haga falta una bomba para que te des cuenta de que puedes dejar de ser egoísta y amar a alguien más que no sea a ti mismo.
- Un libro que llevaba meses intentando comprar pero que mi presupuesto no me lo permitía: Operación Valkiria (el complot contra Adolf Hitler que pudo cambiar el curso de la historia).
A partir de hoy, lunes, toca portarse bien. En clase por la mañana ya nos están metiendo temas de Gestión, así que habrá que ir estudiándolos poco a poco. Y por la tarde iré a la autoescuela. Como decía tanto en mi fotolog como en el tablón del Tuenti, tengo que aprovechar los excasos 3 meses que voy a pasar en Salamanca.
Estar a un año de cumplir la treintena me va haciendo sentar la cabeza. Empiezo a cribar entre lo que es importante de verdad y lo que no lo es tanto. Como el amor. En una escena del último capítulo de Queer as Folk, Ted Schmidt dice que "todos los años pido el mismo deseo por mi cumpleaños: un novio. Este año voy a pedir otra cosa porque por fin me he dado cuenta de que no necesito a nadie para sentirme completo. Que yo no soy una mitad. Que no puedo pedirle a nadie que me dé lo que no he sido jamás capaz de darme a mí mismo."
El amor llegará cuando tenga que llegar. No se busca. No te encuentra. APARECE SIN MÁS.
El martes 15 cumplí 29 y lo celebré el sábado. Tengo unos amigos que no me los merezco, la verdad. Siempre han estado ahí para lo bueno y para lo malo. Y yo no podía hacer otra cosa que invitarles a cenar me costara lo que me costara.
Regalos:
- La quinta temporada de Queer as Folk, con la famosa escena de Brian diciéndole a Justin por fin "Te quiero". Parece mentira que haga falta una bomba para que te des cuenta de que puedes dejar de ser egoísta y amar a alguien más que no sea a ti mismo.
- Un libro que llevaba meses intentando comprar pero que mi presupuesto no me lo permitía: Operación Valkiria (el complot contra Adolf Hitler que pudo cambiar el curso de la historia).
A partir de hoy, lunes, toca portarse bien. En clase por la mañana ya nos están metiendo temas de Gestión, así que habrá que ir estudiándolos poco a poco. Y por la tarde iré a la autoescuela. Como decía tanto en mi fotolog como en el tablón del Tuenti, tengo que aprovechar los excasos 3 meses que voy a pasar en Salamanca.
Estar a un año de cumplir la treintena me va haciendo sentar la cabeza. Empiezo a cribar entre lo que es importante de verdad y lo que no lo es tanto. Como el amor. En una escena del último capítulo de Queer as Folk, Ted Schmidt dice que "todos los años pido el mismo deseo por mi cumpleaños: un novio. Este año voy a pedir otra cosa porque por fin me he dado cuenta de que no necesito a nadie para sentirme completo. Que yo no soy una mitad. Que no puedo pedirle a nadie que me dé lo que no he sido jamás capaz de darme a mí mismo."
El amor llegará cuando tenga que llegar. No se busca. No te encuentra. APARECE SIN MÁS.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)