jueves, 8 de octubre de 2009

The Angel

Es algo que no puedo evitar. Superior a mis fuerzas. Puedo estar hablando del tema más interesante que cuando pasa, sea lejos o cerca, me quedo en blanco y me lo quedo mirando como en esos anuncios de automóviles en los que el protagonista se queda boquiabierto. Eso es lo que me pasa con El Angel.
No le conozco, no sé nada de su vida, ni siquiera sé su edad. Ni qué gustos tiene. Sólo sé cómo se llama. Y con él tengo la sensación de que eso es suficiente. Como una figura de cristal que nunca te cansas de mirar pero que no quieres tocar por miedo a que se te rompa en las manos.
Sólo puede ser "mío" de lunes a viernes. Los fines de semana desaparece. Seguramente sea de otro, pues alguien tan hermoso es imposible que no tenga un grán séquito.
Lo que más me sorprende -sobre todo de mí mismo- es la discreción con la que estoy llevando esta atracción "fatal", ya que, salvo dos o tres amigos mal contados, nadie más sabe de esto.

Pero es lo que tienen las incertidumbres.

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