Poco a poco las gotas de sudor iban resbalando por las sienes de Fernando. Mario lo había notado desde el otro lado de la estancia. Trataba de poner atención en la lectura que tenía entre manos mientras se revolvía nervioso en la butaca en la que estaba sentado. Lanzaba furtivas miradas en la dirección de Mario que, ajeno a su nerviosismo, parecía estar concentrado en sus apuntes y sus libros. “¿Qué te está pasando, Fernando?” se decía, “a ti te gustan las mujeres, no los hombres”. Pero había en su interior algo que le gritaba que todo lo que conocía había cambiado. Aunque fuera de forma imperceptible. Algo había notado en sus adentros. Cerró el libro con cuidado, sacó un taco de post-its de su mochila y escribió algo en uno. Arrancó la hoja, la dobló y se levantó. Carraspeó discretamente y se dirigió hasta la puerta. Mario pareció despertar de su propio sueño de gráficas y ecuaciones. Levantó la vista y vio cómo Fernando se iba. Cuando el joven musculoso pasó al lado de su compañero de clase dejó caer el papel al suelo. Mario dirigió la vista donde estaba el post-it. Vio el papel, miró hacia todos lados y lo cogió. Cuando lo abrió no pudo evitar sonreír. En el post-it estaban escritas las siguientes palabras: ‘TE ESPERO EN EL BAÑO DE LA 3ª PLANTA’.
“La tercera planta” pensó. “A estas horas no hay nadie en la tercera planta”. Volvió a sonreír, esta vez victorioso. Su plan había funcionado. Se levantó despacio, saboreando su recién adquirido poder. Sabía que su presa no iría a ninguna parte. Que estaría expectante. Recogió todas sus cosas con parsimonia, las metió dentro de su mochila, apagó el portátil, lo metió en su maletín y se acercó al mostrador de la biblioteca.
- Berta, ¿puedo poner esto ahí? Vendré a recogerlo a eso de las… -miró su reloj rápidamente- nueve.
- Claro, sin problema.
- Gracias, hasta luego.
Con paso lento se fue hasta la puerta. Su sonrisa se había borrado de su cara, pero seguía sonriendo por dentro. “Lo has conseguido” se dijo mientras presionaba el botón del ascensor. “Ahora está en tus manos. Y pronto será tuyo”. Puso un pie en el tercer piso y siguió caminando de forma lenta hasta el baño. Sólo cinco puertas a su izquierda separaban a Mario de Fernando desde la puerta del ascensor. Se permitió respirar hondo un par de veces antes de abrir la puerta. Fernando le esperaba apoyado en los lavabos fumándose un cigarro. Cuando le vio, aspiró la última calada del cigarrillo, lo apagó en el grifo y lo tiró a la basura. Mario se puso a su lado y lo miró a través del espejo. Fernando le devolvió la mirada. Se giró noventa grados para mirarle directamente a él.
- ¿Se puede saber qué cojones quieres de mí? -preguntó presa de la desesperación.
- ¿Yo? Nada. Fuiste tú quien me convocó al baño -respondió Mario tranquilamente.
- Serás cabrón… -Fernando dio unos pasos hacia el centro del baño.
El silencio reinó en aquel aseo durante dos largos minutos en los que ninguno había apartado la mirada del otro. Fernando se posicionó delante de Mario y le puso la mano en la nuca.
- ¡Qué coño! -dijo y acercó sus labios a los de su compañero. Pero éste se apartó.
- ¿Qué haces?
- ¿No era esto lo que querías? -preguntó Fernando intrigado.
Mario no respondió. Se dirigió hacia la puerta de una de las letrinas, encendió un cigarrillo y miró a Fernando. Éste ya no tenía ni idea de lo que estaba pasando.
- Quiero verte desnudo -respondió dando una calada a su cigarrillo.
- ¿Qué? ¿¡Estás loco!? -el joven musculoso tenía la sensación de estar en un mundo paralelo en lo que nada era lo que había previsto.
¿Continuará?
martes, 20 de octubre de 2009
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