Conocerle me agrió el carácter. Tenía 23 años y no sabía absolutamente nada de lo que me rodeaba. Antes de Él, era capaz de alegrarme por que alguien tuviese una relación por mucho que el chico en cuestión me gustase físicamente, o pensase que podría tener una posibilidad. Después de Él, Mr. Seriousness apareció y con él la envidia. La envidia malsana. Seis años más tarde, esa envidia malsana me persigue y Mr. Seriousness todavía vive en mí. ¿Será que no soy capaz de madurar? ¿O será que me cuesta tanto hacerlo?
Poco a poco me voy dando cuenta de que hay cosas que son imposibles. Pero es inevitable, cuando conoces a alguien aunque sea fiándonos en la primera impresión el pensar en que tal vez y, sólo tal vez, puedas tener una posibilidad con esa persona. Que sea el próximo por quien suspirar y sentir cosquillas en el estómago. O que sea el definitivo. No obstante, cuando te dice que le gusta alguien, o que directamente sale con alguien, de pronto tu pecho es aprisionado contra la Tierra por dos manos invisibles que aprietan tanto, tanto, que sientes que no puedes respirar. Mil preguntas se agolpan en tu mente con un único principio: ¿por qué? ¿Por qué ese chico tan guapo ya está cogido? ¿Por qué no puedo tener a alguien como él en mi vida? O la que más me ha estado atormentando durante todos estos años: ¿por qué no tengo a alguien en mi vida, sea cual sea el aspecto que tenga?
Debo reconocer que, si lo pienso fríamente, no necesito a nadie en mi vida para sentirme completo. Empiezo a centrarme en lo que realmente quiero, como es tener permiso de conducir, coche y empezar una carrera que me apasiona: Historia del Arte. Familia que me quiere, amigos que me adoran, una personalidad que, flores aparte, resulta atractiva a los demás. ¿Realmente me hace falta tener un novio? ¿Realmente soy la mitad de alguien o soy un todo de mí mismo? ¿No será que le tengo miedo a la soledad?
Porque también debo confesar que le tengo cierto pánico al compromiso. Eso de estar con una persona sin posibilidad de poder estar con otras creo que no es lo que quiero en estos momentos. Aunque también tengo miedo de convertirme en un picaflor. En buscar un poco de cariño, de ese cariño sexual que a veces nos hace falta. Esos besos, esas caricias, esos abrazos, esos momentos de pasión que un momento de debilidad nos llenan tanto. Pero no soy capaz de comprometerme. Aunque suene mal decirlo, estar más de dos días con una persona me puede llegar a aburrir. Quizá sea porque la única vez que me he enamorado no fui correspondido. Mr. Seriousness apareció en ese momento, cuestionándose, cuestionándome. Preguntándome a mí mismo si soy lo suficientemente bueno para alguien. Preguntándome qué puedo aportar de bueno en una relación. Preguntándome incluso, si mi destino es ser como Brian Kinney. Sin remordimientos, sin disculpas. No creer en el amor, creer en el sexo.
Existe una pregunta que me ronda y que me resulta muy difícil responder: ¿Soy lo bastante maduro y serio como para aportar algo a alguien sin temor? ¿O todavía vivo en esa fase de infancia/adolescencia que nunca tuve, a pesar de que estoy a punto de cumplir los 30?
Vivir en el CRMF me está construyendo una madurez que creía nunca alcanzar. El único problema es que estoy aprendiendo a madurar por las malas. Pero en fin, supongo que la vida no es siempre un camino de rosas.
En cuanto a Él… seis años más tarde sigue siendo uno de mis mejores amigos. Y aunque viva eternamente enamorado de Él, viviré también eternamente con el pesar de no ser correspondido. Pero ¿qué más da? Prefiero tenerle como amigo a no tenerle como nada.
Descargando programa “Madurez”. Loading… 50%
viernes, 25 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario