martes, 6 de octubre de 2009

The phone

En la tarde de ayer, o más bien durante todo el día, las nubes negras se alternaban con las blancas, dando una agobiante sensación de que en cualquier momento se iba a poner a llover. Y si queréis que os sea sincero hubiera querido, deseado, anhelado, que realmente se pusiera a llover, porque así me evitaba de ir a la autoescuela. Sé que no puedo saltarme mis obligaciones automovilísticas pero qué puedo deciros, los lunes son horrorosos. Sin embargo no llovió. Y a las cinco de la tarde estaba tomando camino hacia mi destino.

Dos horas y ocho tests más tarde, subía por la Avenida Italia de nuevo al centro. Y no muy bien había atravesado el portal cuando noté el vibrador de mi teléfono móvil en el bolsillo del pantalón.

- ¿Sí?
- Hola peque, ¿qué tal estás? -respondió la voz masculina al otro lado.
- Bueno, acabo de llegar de la autoescuela.
- ¿Has retomado el carnet? ¡Qué genial! Espero que todo te salga bien, te lo mereces.
- Ya.

(...)

- Bueno, te dejo que has de estar ocupado -dijo con voz triste. En aquel momento el alma se me cayó a los pies por dos décimas de segundo.
- De acuerdo -mi voz sonaba mecánica, como sin sentimientos.

Cuando presioné el botón rojo, asimilé la llamada de apenas 1 minuto. Quién era, cuándo y sobre todo por qué.

Guardé el móvil de nuevo en el bolsillo y entré en las instalaciones del centro.


¿Continuará?

No hay comentarios:

Publicar un comentario