Esta entrada fue escrita en un blog anterior y que por circunstancias, sucesos, o como yo lo llamo ahora, ciclos, abandoné en su momento.
No, no es difícil encontrar el amor para una persona con discapacidad. Al menos no tan difícil como le pueda resultar al resto de los mortales. Sólo que, en ciertas ocasiones, el face to face suele llevar a situaciones bastante… chocantes.
Fase 1. El por qué.
Es la pregunta del millón. “¿Por qué estás en silla de ruedas? Y perdona si te ofendo, pero es la primera vez que me encuentro con alguien así y no sé cómo reaccionar”. ¡Pero hombre, mírame! Que esté sentado permanentemente no quiere decir que no sea como tú. ¡Que soy de carne y hueso! ¿O a ver si te vas a creer que tengo la polla de cristal y se me va a romper en cuanto te la meta por el culo o me la chupes? Vale, comprendo que al principio puede chocar, pero al menos en mi caso, mi amiga de aluminio viene conmigo de carabina, no forma parte de mí. Así que te recompones y contestas:
- Pues es que he tenido una enfermedad medular de nacimiento y llevo prácticamente en silla de ruedas toda mi vida.
Segunda pregunta del millón: “¿Y no tiene recuperación?”
- Pues... la hubiera tenido en su día, pero años más tarde operarme hubiera sido perder las piernas, así que dije que no.
Bueno, primera toma de contacto hecha. Lo peor ha pasado. Al menos el chaval en cuestión siente interés por tu estado. Lo que venga después sólo el tiempo lo dirá.
Fase 2. Amor y... sexo.
- ¿Y cómo haces para...?
Ah... me encantan las preguntas a medias.
- ¿Para? -respondiendo con toda la "inocencia" del mundo.
- Ya sabes, para...
¿A que le recuerdo otra vez lo de la polla de cristal? Al final tú mismo lo acabas soltando, porque ves que el chaval no se arranca.
- Para follar.
En ese momento en la cara del "ligue" -de momento lo llamaremos así y lo pondremos entre comillas- aparece el asombro. “¡Oh, qué directo es este chico!”, pensará. Pero qué le queréis, yo soy directo, sobre todo para estas cosas.
- Exacto.
- No he tenido ningún tipo de problema. Hombre, tengo mis limitaciones pero... hasta la fecha mi vida sexual es muy satisfactoria.
- ¿Y se te levanta?
Parece que la cosa avanza, y cuando te quieres dar cuenta, tienes el teléfono de tu ligue.
Fase 3. El acercamiento
Obviemos la parte en la que las citas se hacen frecuentes y el encariñamiento es bastante notable, vayamos a la parte interesante. Ya sea en una habitación con cama o en un coche, las dudas surgen (para él). “¿Le iré a hacer daño? ¿Sentirá lo que le hago? ¿Dónde debo tocarle para excitarle?” Y tú lo único que haces es disfrutar del momento (?), en fin, sigo diciendo que es comprensible, las personas con discapacidad somos como la informática, un mundo aparte.
Bueno, los detalles del cómo los dejaré para la intimidad, pero a grandes rasgos para una persona con discapacidad, el amor no es tan diferente como para el resto, sólo que a veces tiene estas situaciones tan divertidas. Divertidas para la persona que tiene la discapacidad, claro, porque al final se demuestra que los que peor lo pasan son los demás por no saber cómo actuar.
Hablemos ahora de la parte menos agradable.
Fase 4. De rechazos y otras miserias
¿Os han rechazado por ser morenos o rubios? ¿Por ser altos o bajos? ¿Por ser gordos o flacos? ¿Por tener un tic nervioso? ¿Por tener una verruga en mitad de la frente? A las personas con discapacidad también. Pero la cruel realidad añade un aliciente más a este rechazo por ser gordos o flacos, rubios o morenos: la propia discapacidad. Lo importante está en la filosofía con la que te lo tomes.
Es triste, es cruel, pero es tan real que pasa. Hay gente que piensa que discapacitado es sinónimo de tullido o de inadaptado social. De lo que no se dan cuenta es que andar o no nada tiene que ver, más bien el inadaptado social es el que demuestra tener tantas luces como el que te rechaza por tener discapacidad. Pero ese no es el caso, veamos la situación de rechazo. Ya que te vean en una silla de ruedas crea expectación. Te hacen la pelota todo lo que pueden, te dicen lo guapísimo que eres, lo fuerte que estás -aunque seas un palo de escoba- y los cojones que le echas por salir a la calle. Pero, ¿qué ocurre? que de amigos no pasan, ¿por qué? Porque tienen miedo de que por la calle les digan: “¡uy, mírale, como se le ocurre ser novio de un minusválido!” Si es que la sociedad es más mala que un dolor. Imaginaos que un chico gay y con una discapacidad "se le ocurre" entrar en un bar de ambiente. No solo te fichan de arriba a abajo sino que encima se dirán para sus adentros: “si es que últimamente dejan entrar a cualquiera.” (como anécdota tengo que decir que esto pasó realmente en un bar en Salamanca, con mis amigas y yo). ¿Qué haces? Con toda la mala leche que se te crea por dentro en el momento, te das la vuelta, le miras de arriba abajo y sueltas: “Sí, eso está claro, bonita, porque para que te dejen entrar a ti, dejan entrar a cualquiera. ¿Dejarán entrar a mi rottweiller corriendo el riesgo de que te rasgue los pantalones de Zara tan monos que llevas hoy y que tan horrorosamente te quedan?”
Una vez entras y con la mayor intención de bailar y pasártelo bien, el gracioso de turno se te acerca y te dice:
- ¿Da miedo verdad?
- ¿El qué?
- Notar cómo todo el mundo te está mirando.
Ya estamos…
- Sí, da miedo salir a la calle con caspa en los hombros (no te jode éste ahora).
Cuando llevas ya un buen rato bailando, bebiendo, relacionándote, otro se te acerca y te suelta:
- ¿Tú que haces aquí?
Meneármela, ¿no me la ves? Ah, es que debe ser invisible...
- He venido a pasármelo bien, a beber, a fumar, a bailar...
- ¿¿A bailar??
- Claro, cuando hay música uno baila...
- ¿Y no te da vergüenza?
Pero vamos a ver, ¿esto que es, una conspiración? ¿Porque todos los gilis vienen a mí?
- A mí ninguna, ¿y a ti?
- A mí me daría muchísima, creo que no saldría de casa sólo para que no me miraran.
- ¿Entonces qué haces aquí y no estás en tu casa?, porque al que creas vergüenza, pero de la ajena, eres tú a mí.
Está claro que daño hace el que puede y no el que quiere, y como dije antes, todo está en la forma y filosofía con que te lo tomes. En mi caso personal, mi carácter irónico me puede, y mis cuatro frescas las suelto -obviamente, siempre que esté con el humor apropiado para hacerlo-.
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